Mostrando las entradas con la etiqueta fiesta. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta fiesta. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de febrero de 2015

TIEMPO

3:57 pm ¿Ya habrá llegado? Estoy a tiempo aún, sólo es una cuadra ¿Y si mi estúpido CASIO de pulso está atrasado? Esta pantalla rayada que casi no deja ver los números en tinta negra, aunado a la pila desgastada da lástima, quizá no sea un 7 lo que señala, sino un 9 ¡Dos valiosos minutos!

3:59 pm Listo. Quedamos aquí, en la jardinera de Santo Domingo. Aquí nadie se pierde. Todos estos mocosos se reúnen en esta jardinera de cantera verde. Aunque mi reloj marcara mal la hora sólo se trataba de 2 minutos. Pero no estaba equivocado, esos 120 segundos han pasado, el 3 sigue ahí junto a los dos puntos parpadeantes. Falta un puto minuto para las cuatro de la tarde y no la veo por ningún lado.

4:00 pm Es hora. Tendría que estar aquí. Aunque claro, todo mundo es impuntual en este maldito país.

4:01 pm Lleva 1 minuto de retraso. Comprensible ¿Hay bloqueo hoy? No, no escuché nada en la radio camino acá. Ese pretexto no será válido.

4:02 pm Ya son dos ¿Cuánto tiempo es necesario esperar antes de retirarse? ¿10? ¿15? He oído que unos esperan hasta media hora. Eso es ser muy pendejo, aún cuando avisen por teléfono su retraso. Es una mentada de madre.

4:03 pm ¿Entonces? ¿10? Dirán que es muy poco, que uno es un mierda intolerante, un culero exagerado. Que sean 15. Bien podría ser ésa una norma escrita, un artículo más en la Constitución; aunque a ésa todo el mundo se la pasa por el culo. No, mejor un artículo más en la Declaración de los Derechos Humanos: Toda persona, por el simple hecho de serlo, tiene derecho a llegar tarde y ser esperado con paciencia y sin reclamos durante 15 minutos posteriores a la hora fijada. A huevo, yo debería estar ahí sentado, con el logo del mundo azul aplastado en mis espaldas y un letrero en la tele que diga que soy la verga en la ONU. Bueno ¿Y sí además de eso se refrenda en algún otro tratado internacional? ¿Estarían de acuerdo los gringos o alagarían que la disposición atenta contra los designios comerciales, que afectaría en gran medida el funcionamiento del flujo de capital a nivel mundial? Seguro que salen con una mamada así, lo entiendo. No sólo los entiendo, los respaldo. Los respaldo y voto en contra de esa iniciativa o como sea que se llame, y como soy el mandamás en la ONU pues ni pedo, se aguantan su pinche impuntualidad ¡¿Quién chingados se siente la gente que llega tarde?! ¡Se la maman! Es una total falta de respeto no considerar el tiempo de los demás, así fuera un solo minuto. En 1 minuto he visto la escena más importante de una película o he leído la mejor página de un libro. En un minuto puedo decidir si venirme o sacarla. En un minuto se puede hacer un hijo, es más en un segundo o en una milésima. En ese pequeño instante tu vida puede cambiar de entre ser un bien visto licenciado o ser un padre joven que tiene que limpiar la caca del pañal de su hijo. Como le pasó a Rafael, como me pasó a mí. En una milésima pasa todo. Pero no, no le digas eso a alguien que llega tarde porque quedas como un hijo de puta exagerado-antisocial-indeseable…¿Y ésos qué? Fajando desde que venía a unos pasos de la jardinera. Está bien fajar, lo que no está bien es agarrar nalga siempre de la misma forma ¿No se da cuenta ese pendejo? ¿No se aburre su vieja? Puedo ver al estúpido llorando a solas en su cuarto: “Me dejó, me dejó ¿Por qué me dejó?” Llorándole a su almohada, secándose los mocos con cuadritos de Pétalo o Charmín. Todo por no saber fajarse a una morra. Para qué madres quiere los dedos ¡Para qué! Los putos del otro lado de la calle la están pasando mejor, que voltee este pendejo para que aprenda el arte de manosear. Que mire a los jotos, cómo se estimulan hasta con sus lenguas entrelazadas dentro de sus bocas, que vea cómo los maricones recorren la espalda uno del otro, tomando su nuca, recorriendo el satín de sus chalecos hasta llegar al coxis, detenerse ahí, juguetear con los dedos en donde inicia la ranura del culo y resbalar de último minuto la palma de su mano por la escasa curvatura de sus nalgas simulando pudor escénico. Si algo no tienen es eso, no los aqueja la vergüenza. Quizá por eso salen cada vez más del clóset. He visto a muchos a los que les vale pito estar casi cogiendo delante de la familia con un niño que tiene una paleta de hielo viendo fijamente la actividad homosexual justo frente a sí. Y si con los putos no le basta al estúpido éste, yo mismo le pongo el ejemplo. Un trasero se recorre con calma, con gozo, al menos cuando estás en vía pública. Hay que acariciarlo con todas la terminales nerviosas, las yemas de los dedos, las líneas de la palma de la mano, el músculo debajo del dedo pulgar, todo debe recorrer las nalgas con cadencia. Como si estuvieras acariciando el pelaje de tu amado perro después de ser atropellado, aún a sabiendas de que va a morir. Sabes que morirá y por eso lo acaricias suave. Sí, un ejemplo así le falta a ese inmundo adolescente, clases completas que duren horas sobre la práctica del faje en la calle. Yo mismo sería profesor, supervisor y hasta rector de la Universidad para Calientes. Teoría y práctica. 50% de créditos para cada cosa, 1 año de prácticas y otro de servicio social. Le enseñaría en este instante si tuviera aquí conmigo un cuerpo femenino. Lo haría…pero tenía que llegar tarde esta pendeja ¿Qué hora es?

4:06 pm ¡No mames! ¿Sólo 3 minutos han pasado mientras toda esa pendejada mental pasó por mi cabeza? ¿3 míseros minutos en los que vi más imágenes que las fotografías que hay en el Álvarez Bravo? 3 minutos de chaquetas mentales que poco han servido para controlar esta ansiedad de salir corriendo, botando a la mierda a esta vieja que espero para ir con otra, hablarle bonito y hacerla reír, hacerla reír y conseguir una cita, un café y luego a coger ¿Por qué nadie es honesto? ¿Por qué no, cuando vemos una morra buena en la calle, en vez de verle las nalgas nos paramos, caminamos hasta ellas, las confrontamos y les decimos un certero “Hola, estaba viéndote las nalgas. Estás buenísima, quiero coger contigo”? ¿Por qué también hay tanta mustia por ahí a la que le encanta el palo y se hacen las muy decentes? Que te digan que también se mueren por un palo encebado. Que les encanta estar coleccionando falos a través de sus labios y su concha ¿No que estamos en la revolución del pensamiento feminista en la que la mujer quiere decidir y ejercer su sexualidad sin tabús ni miramientos? Si las chamacas desde los 13 andan ya más sueltas que una vaca en celo, yo lo he visto, las he observado lanzar esas miradas cogelonas al miembro de algunos hombres. Yo veo y pienso, nada más. A mí no se me han ofrecido, pero en cuanto una lo haga no la dejo ir viva. Hace mucho que no me agarro a una quinceañera. Magda fue la última, y vaya que era quinceañera. Esa fiesta ha sido la mejor celebración de 15 en la que he estado. No sólo me bastó ser el que al momento de bailar el vals con la festejada le roza los glúteos con la mano frente a los invitados sin ser mal visto, no sólo me fue suficiente eso sino parchármela en el baño de mujeres cuando sus padres, padrinos y tíos estaban bien pedos. Recuerdo sus gemidos de niña, pasando del dolor al gozo. Recuerdo sus pequeños ojos cerrándose y pidiendo más mientras el ritmo de nuestras pelvis se hacía cada vez más veloz. Pero mi hijo tuvo que vomitarse y todos los demás hacer un escándalo monumental gritando mi nombre porque yo era el único que no ingirió alcohol. “¡Hugo! ¡Hugo! Ven a ayudar a Rafa” gritaba mi esposa con voz de grulla. Tuve que sacar mi reata del húmedo y cálido agujero en el que estaba y acomodar mi pantalón para salir corriendo a levantar a mi estúpido primogénito del suelo, batido entre líquidos amarillos y pedazos de jamón con el que rellenaron el lomo de cerdo servido en la cena. Detrás de mi, mi nieta, acomodándose el vestido color melón como si hubiera ido sólo a mear “¿Estás bien, papá?” preguntaba a Rafael, el padre briago que se perdía en alcohol orgulloso de su hija, de su nena, la puberta que resultó una potencial profesional a la hora de menear la vulva. Magda apadrinada en este negocio por su propio abuelo.

4:10 pm Ni madres, no pienso esperarla 15 minutos ¡A la chingada! No porque las mueva bien voy a estar aguantándole tod…Puta madre, me tapa los ojos.


- Abuelito ¿Llevas mucho tiempo esperando?

- No, como 5 minutos nada más, no te preocupes.

- Bueno… ¿A qué café dijiste que me ibas a llevar?

- ¡Cuál café! Nos vamos a un bar, por unas cervezas. Tengo 60 años pero no por eso soy un aburrido. No todos los días cumples 20, vamos a celebrar como cuando cumpliste 15 pero sin que tu papá vomite. Son poco más de las 4, tenemos mucho tiempo para hacer todo lo que queramos.




(Imagen tomada del sitio http://www.lailuminacion.com/temas/la_iluminacion.asp?titulo=LA%20RELATIVIDAD%20DEL%20TIEMPO) 

jueves, 18 de septiembre de 2014

PAYASO

Todos reían a carcajadas en el salón. Hasta el prefecto que estaba cagando en el baño de alumnos podía escuchar las risas. La ocurrencia de Rodolfo había provocado tal reacción.

- ¿Y qué es el ácido sulfúrico?- había preguntado Eduardo, el segundo alumno de la tercera fila de pupitres.

- Es lo que hizo que Elba Esther pasara de ser una Miss Universo al monstruo que conocemos- interrumpió Rodolfo de modo sarcástico.

Incluso el profesor de química, Archivaldo, que tenía fama de ser un huraño, soltó una carcajada que cayó inmediatamente, al tiempo que se tocaba nerviosamente la nariz sorprendido por su momentánea falta de control. Era muy tarde, todos los alumnos lo notaron. No podían creer que su compañero hiciera reír a este ser humano de rostro inexpresivo.

Cuando se organizaban concursos de teatro en los festivales escolares, siempre era elegido para interpretar el papel más gracioso del reparto. Su talento para hacer reír a los demás era tan natural como respirar. Su talento a veces despertaba envidia en algunos de sus compañeros que perdían en este tipo de certámenes, nunca fue bueno para los golpes así que Rodolfo trataba de correr cada vez que lo retaban.

Rodo creció, vio por primera vez una película de Chaplin y quedó maravillado. El trabajo del artista inglés se convertiría en su inspiración máxima. Admiraba el talento de Charlot para la comedia sin necesidad de diálogos. Lo admiraba más que Tin Tan, Cantinflas o la India María.

Nunca quiso estudiar una carrera. Desde que estaba en la preparatoria supo que deseaba ser un payaso, pero no de circo, sino uno que creara su propia agencia de entretenimiento para fiestas particulares y programas de televisión. Así que estudiando aún el último año del nivel medio superior comenzó a hacerse publicidad en la ciudad para ir a fiestas infantiles.

Sin embargo, Rodolfo tenía una debilidad. Algo de su entorno le encantaba de sobremanera. No se podía resistir cuando veía a los ojos de una dama que le gustara. Rodolfo era un Don Juan único en esa ciudad. Si bien él era una persona que provocaba alegría, nada era más alegre que su ojo.

Así que ahí estaba sentado esta tarde. Esperando y viendo a su novia en turno, una muchachita dos años más joven que él con un rostro pálido y unos ojos cafés como los granos que dan origen a la bebida de un oficinista en la mañana, una mujer guapa e introvertida. Ella estaba preparando las pistas musicales en una lista de reproducción de la laptop que llevaban así como los instrumentos que necesitarían para el desarrollo de su show. Aros y pelotas de esponja destinados a los malabares; pulseras de neón, trompos con luz y algunos otros juguetes que serían regalos a los niños participantes en sus pequeños concursos reposaban junto a una maleta. Las bocinas habían sido montadas por Rodolfo, el cableado y su pequeño telón también.

Cuando lo contrataron le dijeron que se trataba de una fiesta para un niñito de apenas un año de nacido. Hasta ese momento no había visto a ningún padre del pequeño. Cuando tocó la puerta del domicilio a bordo de la camioneta de su padre, lo recibió amablemente una anciana que lo hizo pasar con todo y vehículo hasta el jardín de la casa. Fuera de eso, nadie que no conociera se le había acercado.

Pasó una hora y Rodolfo pensaba en acercarse a cualquier persona para preguntar por los anfitriones; los invitados comenzaban a llegar, las sillas ya estaban dispuestas, pero salvo aquella vieja, nadie más salía a recibir a los asistentes. Estaba a punto de levantarse de su asiento a una orilla del gran jardín cuando, de la casa, salió un apuesto joven de unos veinte años quizá, con un pequeño en brazos que lloraba lanzando gritos agudos. Detrás de ellos vino a la vista una joven con un pañal en mano. Ella era sumamente atractiva. Su piel morena como canela gozaba de un encanto singular, estaba discretamente maquillada haciendo lucir unos ojos espectaculares. Ni qué decir de su cuerpo; sus curvas podían encandilar a cualquier hombre. Rodolfo notó inmediatamente que un señor, al que la pareja se refería como “Tío”, miraba a la madre con algo más que lujuria cuando ésta se volteaba.

El papá del festejado parecía estar de mal humor. Atendía a sus invitados con una sonrisa, pero en cuanto era abordado discretamente por su mujer, el rostro le cambiaba haciendo notar un enfado exagerado con la madre del pequeño.

Cuando suficientes invitados se hallaban sentados, Rodolfo recibió la indicación para comenzar el show de “Rudy” el Payaso.

Tras presentar a su asistente y a él mismo, pidió a los jóvenes padres que hicieran lo mismo ante el público.

- ¿Y cómo se llama nuestro pequeño festejado el día de hoy?

- Se llama Yael- respondió el padre.

- ¡Uh! ¡Venga un aplauso para el pequeñín Yael!- Rodolfo instaba a los invitados a hacer bulla. Acto seguido, ellos comenzaron a aplaudir- Bien, ¿y cómo se llama la Mamá?

- Melissa- dijo tímidamente la muchacha.

- ¿Y el papá?

- Norberto- pronunció el joven.

- ¡Un aplauso para los papás también!- “Rudy” y su público aplaudían entusiasmados y alegres.

El número transcurrió de forma rutinaria, hubo algunos chistes y concursos de sillas, preguntas capciosas, etcétera. Las risas y carcajadas estruendosas emulaban a las que años antes producía en los salones de clase. Sin duda, muchos asistentes pedirían una tarjeta al finalizar el acto para contratarlo cuando se ofreciera la ocasión, era un payaso que se ganaba a pulso cada centavo.

Mientras tanto, Rodolfo ponía especial atención observando, muchas veces de reojo, la tensión que había entre los padres de Yael. A través del pequeño espacio que dejaba ver la sala detrás de la puerta entreabierta vio cómo Norberto jaloneaba a Melissa ordenándole que se apresurara a servir los refrigerios en los platos desechables.

Rodo sentía una furia que recorría su médula. Le era inaceptable tal maltrato a una mujer tan hermosa. Con impotencia siguió con su trabajo. Así pasó, viendo desplantes de desprecio hacia Melissa, hasta la hora de romper las 5 piñatas.

Los padres se tomaron la foto con su hijo posando junto a la olla forrada y adornada en forma de burrito. Rodolfo encargó a Norberto la organización de los niños invitados para romper los objetos llenos de dulces. Pidió ir al baño y el acceso al interior de la casa le fe otorgado.

Caminaba por el pasillo cuando volteó al interior de un espacio. Melissa estaba sin hacer nada más que estar de pie, con las manos apoyadas en la mesa donde estaban puestos los platos sobrantes tras el reparto de los refrigerios.

Ella estaba de espaldas. Rodolfo caminó lentamente hacia ella, la tomó de la cintura suavemente y pegó su pelvis a los glúteos femeninos. Cuando miró su rostro, ella tenía las mejillas empapadas en lágrimas. Rápidamente echó atrás su cuerpo. La giró con delicadeza y sin decirle palabra alguna le secó el líquido que escurría de esos ojos hermosos.

El payaso siempre había pensado que cualquier fiesta de cumpleaños debería ser un homenaje a la madre puesto que esa mujer era a quien tenía que dársele crédito por el sufrimiento para parir y por llevar a un ser dentro de sí durante nueve meses. En esta fiesta, el marido había sido un estúpido que no valoraba a la mujer con la que había engendrado al pequeño Yael.

Sin peticiones ni señas, volvió a tomar a Melissa de la cintura, esta vez de frente, acercó su cuerpo al de ella. Su mano derecha subió hasta la espalda mientras que la izquierda bajó hasta la nalga derecha de la chica. Ella, lejos de bofetearlo, no se quedó atrás y extendió sus largos brazos alrededor del cuello de Rodolfo. En un instante ambos se besaban, sí con cierta lujuria pero también con cierta tristeza; de ese tipo de melancolías que dan cuando se conoce a alguien que ya está comprometido dejando salir un pensamiento de “Cómo fue que no te conocí antes”.

Melissa era más baja de estatura que Rodolfo, así que puso las plantas de sus pies encima de los grandes zapatos del payaso para acercar todavía más sus bocas. Ella subió una de sus piernas en un costado de Rodolfo, él tomó su muslo, sus narices exhalaban un aliento cada vez más cálido. Como éstas se rozaban torpemente, la nariz roja de Rodolfo cayó al suelo dando pequeños saltos y giros, movimientos que llevaron al pequeño objeto a tocar la punta de un zapato de vestir color negro.

Una puerta había rechinado unos instantes antes. El zapato negro era el calzado de Norberto. El padre del pequeño Yael vio la escena aun cuando las dos personas frente a él trataron inútilmente de recomponer sus posturas para disimular.

Rodolfo siempre había pensado que no importaba quedar como un cobarde siempre y cuando se conservara la vida. Este día prefirió que Melissa y Norberto se quedaran discutiendo o golpeándose en la cocina. Salió corriendo hacia el jardín, metió rápidamente todo cuanto pudo en su maleta, la cerró apresuradamente al tiempo que pedía a su novia que desmontara el resto del equipo, lo subiera a la camioneta y se marchara, le dijo que no había problema con el pago, que él mismo lo arreglaría después.

Tras este hecho, la pareja del payaso fue notificada de lo sucedido. Eso se deduce ya que Rodolfo nunca volvió a verla, tampoco a la camioneta de su padre. No pudo contar lo ocurrido a su progenitor, sabía que de hacerlo inevitablemente su familia se enteraría de su pequeño “abuso de confianza” en aquel domicilio, lo cual traería consecuencias aún peores. Dijo que le habían robado todo a su novia, y que ella sentía una vergüenza inmensa, que por eso ya no la verían tan seguido.

Rodolfo sabía también que si Norberto tuviera intenciones de vengarse le sería fácil buscar a un payaso, así que abandonó su oficio. Se había adaptado varios pares de zapatos, así que trabajar con renovador de calzado sería una salida razonable.

En su nuevo trabajo solía imaginar las piernas que portaban los zapatos femeninos que le llevaban a reparar, Rodolfo las comparaba con las piernas de Melissa tratando de revivir aquel encuentro fortuito, lleno de lujuria y adrenalina.




(Imagen tomada del sitio http://www.balovega.com/2010/03/la-sombra-de-un-leon.html)

jueves, 11 de septiembre de 2014

EL GRITO

Mauricio era un cabrón. El adjetivo se lo había ganado en el mal sentido entre muchos que lo conocían. Sus parientes, quienes en algún momento habían compartido grupo escolar con él, aquéllos que una vez fueron sus profesores, sus amigos, gente del pueblo que conocía a su familia.

Era, desde el punto de vista de todos ellos, una aguafiestas al que nunca solían invitar a fiestas patrias. Muchos decían que era antipatriótico. Algunos que no lo conocían muy bien pero que sabían de su fama creían que era un malinchista que se sentía gringo. Muchas veces él mismo decía “No mamen, cómo me voy a sentir gringo si el nopal se me ve en la cara luego, luego. Además esos gringos merecen todo nuestro desprecio”.

Su pensamiento e ideología política eran muy retorcidos, llegaban a la contradicción. Cuando ocurrió lo de las torres de Nueva York estuvo muy alegre, tanto que se le antojó una hamburguesa y fue a la cadena más grande y conocida del mundo de este alimento a engullir dos Big Burgers.

Aunque tenía un pensamiento pesimista respecto a las fiestas patrias en el fondo ansiaba la llegada de la noche del 15 de septiembre. En su pueblo organizaban El Grito siempre con un baile grupero, la venta de cervezas, mezcal y tequila era una broma pues el precio era casi un regalo.

La misma historia se repetía año con año. Esperar a que dieran las nueve de la noche para salir de su casa recién bañado, oliendo a colonia y vestido con prendas que se vieran aceptablemente nuevas pero que al mismo tiempo soportaran, sin que él se molestara demasiado, las manchas de espuma de colores distintos, la harina o yema y clara de los huevos que volaban por los aires en la noche patriótica. Después de eso, solía ver de cerca, perdido entre la bola de gente, el acto encabezado por el presidente municipal, siempre a la expectativa que el político local se equivocara al pronunciar cualquiera de sus líneas; si esto pasaba era uno de los tantos que abucheaban. Al cabo de esto, miraba cómo la gente se dispersaba. Luego iba a la zona en la que los asistentes se disponían a bailar.

Ahí empezaba su noche. Cuando sus amigos le preguntaban por qué se ponía a bailar con la música de banda si siempre decía que no la soportaba, él sólo contestaba que “Es para hacer desmadre. No hay nada que celebrar, el país anda muy jodido pero esa noche la ocupo como liberación personal, es una especie de catarsis. Si no podemos estar contentos con la situación creo que vale la pena olvidarse de ella aunque sea una noche al año”.

Por ello siempre buscaba pareja para bailar quebraditas o corridos, de pronto le gustaba corear canciones cuya letra conocía más porque sus vecinos eran dados a poner el estéreo a todo volumen que por convicción. Tomaba alcohol como si fuera la última noche de su existencia, le entraba a todo. Ya alcoholizado no le importaba gritar “¡Al diablo lo nuestro, se acabó, tú no eres mi otra mitad!” mientras bailaba tomando de la cintura a cualquier muchacha. Era para desahogarse sí, pero también para hacer reír a la mujer que fuera su pareja de baile en turno con firmes intenciones de flirteo.

Como después de la preparatoria no siguió estudiando, no le importaba la resaca al otro día. No tenía que desfilar ni nada de eso. Él era un chalán de albañil que sabía que sus compañeros estarían en la misma situación etílica que él en esos días.

Sin embargo, este año se le veía diferente. Su semblante era meditabundo, triste. A pesar de acudir al parque y saludar entre la multitud a gente que conocía, se mostraba esquivo. Se sentó en la orilla de una de las jardineras del parque central a ver cómo los púberes se aventaban distintos objetos y sustancias, a observar cómo ellos tenían su propia fiesta.

A nadie le había contado que el año anterior, cuando estaba en Morelia debido a un trabajo para el que fue requerido junto con Ernesto, su mejor amigo, acudieron al Grito en esa ciudad sólo por entretenerse esa noche, por hacer algo que no tuviera que ver con quedarse en el cuarto que rentaban, la zona estaba muerta, la mayoría de los habitantes iban a la plaza central u organizaban una Noche Mexicana en sus casas. En ese acto dos granadas de fragmentación  fueron lanzadas a la multitud, fue noticia nacional. Ernesto no sobrevivió y el propio Mauricio tomó el cadáver entre sus manos.

Esta noche su mirada estaba perdida. Si fuera por él no asistiría al parque, pero el psicólogo de la clínica local le recomendó afrontar su miedo, su trauma. La imagen no podía salir de su mente, Ernesto tenía sólo un brazo.

Estaba decidido que este 15 de septiembre no tomaría ni bailaría. Para él había luto, lejos de cualquier pensamiento político se trataba de un shock personal. Perdió a quien consideraba su hermano postizo. Mauricio ni siquiera notó que el presidente municipal gritó “¡Viva Francisco Villa!”, seguido de un notable abucheo de los asistentes, quienes agitando sus manos gritaron efusivamente un “Ehhhhhh ¡Puto!”.



(Imagen tomada de la página http://www.torontohispano.com/entretenimiento/mexico/2011/feliz-dia-mexico/celebracion-independencia.shtml)

jueves, 31 de julio de 2014

AQUÍ NO HAY TRUCO

Desde pequeño fue maravillado con tal acción inexplicable. El hombre con elegante traje negro lo había deslumbrando sacando un ave de ese hermoso sombrero. La capa de aquella persona parecía ser tan suave que al mínimo contacto en la mejilla seguramente sentiría ganas de dormir enroscado con ella.

Crisógono lo supo desde ese momento: él también quería ser un mago. Seguro que en la escuela todos pedirían ver sus trucos.

El jovencito fue bautizado con ese nombre como un homenaje a su abuelo paterno, que aún vivía. Era el único nieto hasta ese momento y su papá quiso ganarle a los tíos en eso de la herencia del nombre. Pero al niño esto no le satisfacía. En tiempos donde Jonathan, Kevin, Irving o Derek estaban de moda, Crisógono le parecía una grosería de nombre. Por eso siempre se presentaba sólo como “Cris”. Sus maestras habían asumido con cierta naturalidad que se llamaba Cristian.

El abuelo había sido un joven extrovertido, danzó todos los mambos que pudieran existir en el mundo vestido de pachuco. Tenía una cantidad desconocida de trajes con su respectivo sombrero, todo guardado en un ropero de fina caoba. Cris sacaba cosas a escondidas de ahí, se ponía a ensayar sus trucos; 8 conejitos muy pequeños nacidos en la granja de la casa fueron asesinados accidentalmente por guardarlos mucho tiempo dentro de diferentes sombreros, sofocados morían ahí esperando a ser observados por los padres del niño que siempre estaban ocupados, ellos no se dedicaban a estar “perdiendo el tiempo”.

“¿Por qué nunca me hacen caso?” se preguntaba Cris. El jovencito era más que terco cuando quería algo. Creció siendo autodidacta en eso de la magia. Ahorraba el dinero de sus domingos y las moneditas que le sobraban de lo destinado para el lunch. Con esto compró su equipo en una tienda de disfraces que quedaba cerca de su escuela. Tenía su capa, su varita y un sombrero hecho de cartulina blanca (porque ese día a los de la papelería se les había acabado el cartoncillo negro).

Sin embargo, sólo tenía dos actos. Uno era aparecer a su conejito y otro hacer desaparecer billetes entre sus manos. En su grupo se habían aburrido de esos números y Cris ya había ido a la dirección más de 3 veces por andar distrayendo a sus compañeros.

Cuando Crisógono llegó a la pubertad aprendió eso del internet y las computadoras. Bajaba videos de yutub en el ciber, tutoriales de magia con cartas, otro de cómo desatar nudos con los ojos cerrados, uno más mostraba la forma de atravesar su mejilla con un lápiz sin sacar una sola gota de sangre, además de uno muy bueno que hacía desaparecer la fuerza de los brazos de cualquier persona. Éste último en particular era solicitado muy seguido por sus amigos buleados, tanto así que los agresores llegaron a respetar a Cris.

Su fama en la escuela trascendió a su casa. Aunque al muchacho le encantó en un principio que lo reconocieran en su familia por su talento, después se fastidió ¿Para qué mostrarles lo que tanto habían despreciado antes?

Ese día, en la fiesta de XV años de su prima querida, vio cómo la tía más presumida de la familia, Aurora, se alcoholizaba sin medida, estaba haciendo el ridículo, bromeaba con mal gusto y vomitó en el traje de la festejada. Por si fuera poco, hizo un comentario en el micrófono del grupo que estaba tocando:

- A mi hija le hice esta fiesta porque se la merece. Ella es una niña muy lista, es la mejor nieta que mi papá pudo tener. Es el honor de la familia, no como ese maguito de quinta que anda por ahí. Mi hija sí es una chingona ¡Arriba mi’ja!

A Cris le hirvió la sangre, “¡Pinche tía, tan mamona que se hace, es una pendeja!” pensaba. Estaba decidido, algún día esa borracha de clóset tenía que pagar por su comentario.

Cuando Crisógono tenía 20 años se llevó a cabo una fiesta más, se trataba de las bodas de plata de sus padres. Había planeado un número de magia para todos los asistentes, uno que iría después de la partida del pastel. No reveló a nadie de qué se trataba.

Llegó el momento, terminó de sonar el Queremos Pastel y el vocalista del grupo musical contratado lo anunció:

- Por favor, guarden silencio. A continuación se presenta el mejor Mago del Mundo, el que hará que sus ojos se les salgan del asombro. Él es el único, el inigualable !CRI-SÓ-GO-NOOOOOO!

Cris pudo notar cómo algunos miembros de su familia se reían por el nombre, parecía que todos habían olvidado al abuelo fallecido 2 años atrás. No era tiempo de hacer caras, así que entró a escena muy animoso, su atuendo ya no era el de mago clásico, ahora se vestía como Daynamo (el mago que pasaban en Discoveri), su complexión lo ayudaba a aquél ilusionista de la tele.

En una caja transparente metió papelitos blancos, doblados. Pidió a los titulares de la fiesta que entre ellos decidieran quién de los dos sacaría el trozo con el nombre de la persona que pasaría para realizar el truco. Su padre fue el elegido, el pequeño papel decía “AURORA”, Cris pidió que fuera mostrado a todos para que hubiera constancia del hecho. Lo que nadie sabía es que todos los papeles tenían el mismo nombre, estaba decidido a vengarse.

La tía Aurora tuvo que pasar al centro. Crisógono la hipnotizó (otra cosa más que nadie sabía que podía hacer), la recostó sobre 3 sillas vacías, luego retiró la del centro. El cuerpo de Aurora no se doblaba. Para agregarle un poco de humor, Cris se quitó el pantalón, quedó en trusa y se sentó sobre el abdomen de su tía. Todos rieron por la ocurrencia del acto. La mujer parecía una barra de metal. El padrino de bautizo del mago estaba grabando con su jandicam, no lo podía creer, estaba tan sorprendido que no notó que su boca estaba abierta.

A continuación, Cris tomó una cobija negra que había puesto cerca. Cubrió a su tía de pies a cabeza. Se puso de pie, hizo un ademán con ambos brazos, retiró la cobija rápidamente para descubrir un maniquí que vestía la misma ropa de Aurora. Los invitados y la familia no lo podían creer, sonreían con asombro, aplaudían.

Crisógono procedió a recostarse en el suelo, se cubrió totalmente con el mismo objeto oscuro. Pasaron 3 minutos sin acción, después eran 5. El señor de la videocámara decidió retirar el trapo. Sólo había dos pares de almohadas y encima una nota:

“ADIÓS FAMILIA. ESTE HOMBRE SE HA LLEVADO SU MAGIA Y SU NOMBRE A UN LUGAR DONDE PUEDA SER APRECIADO. LA BORRACHA FUE UNA CORTESÍA.”


Los músicos no estaban prestando atención a lo que acababa de ocurrir, habían estado comiendo pastel. Cuando notaron que el acto concluyó, sin que nadie lo pidiera, comenzaron a tocar No te metas con mi Cucu para comenzar el baile al que ya nadie quiso acudir.





(Imagen tomada de la página http://www.garuyo.com/uploads/2013/8/magia-ipad-zauberer-simon-pierro_125267.jpg_32955.670x503.jpg)