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domingo, 9 de octubre de 2016

MOSCAS, FELINOS Y UN SAPO

- ¡Que mates esa pinche mosca!- gritaba Don Julio a Manolo ante la desobediencia inmediata de éste, su hijo, a dar muerte al insecto que rondaba en el comedor.

Como el niño sólo alcanzó a perder su mirada en el alado y diminuto enemigo de su padre, el señor tuvo que hacer por su cuenta lo que había ordenado. La mosca había estado posada a placer varios segundos sobre la mesa, susceptible a la muerte y nadie había aprovechado su descuido.

Todos los días era el mismo cuento: Don Julio tomaba un trapo o un matamoscas de plástico para aniquilar a esos pequeños seres que fastidiaban su existencia de forma rutinaria. Se trataba de una guerra hombre-insecto, un enfrentamiento vitalicio. Aunque diario podían hallarse, lo mismo en la cocina que en la sala o en el baño, pequeñas manchas producto de los minúsculos cadáveres aplastados; aunque podría decirse que los dípteros triunfaban siempre, puesto que nunca dejaban de rondar las paredes de las diferentes habitaciones, o la mesa y los alimentos que se dejaban descubiertos.

Esos gritos, el posterior regaño y el manotazo dado por su padre en el antebrazo de Manolo, hicieron que el pequeño por primera vez cobrara conciencia de su repulsión para dar muerte aunque fuera a un ser tan pequeño. Su corta edad, quizá, es lo que había ocasionado que nunca antes se hubiese puesto a pensar en ello, pero ahora era consciente: sabía que el piquete de un mosquito le produciría una roncha y comezón incontrolable, pero no era capaz de asesinarlo aún cuando lo sorprendiera in fraganti, succionando pequeñas cantidades de su sangre. No podía comprender, cómo sus amigos disfrutaban, por ejemplo, ir a cazar lagartijas con sus resorteras a los terrenos baldíos cercanos a su escuela.

Ahora que lo pensaba, el chorizo que estaba sirviendo su madre también era producto de la muerte. Peor aún: de la muerte que su padre provocaba cada día. Don Julio se dedicaba a matar cerdo, trabajaba para Señor Tobías, el carnicero más gordo y adinerado del pueblo. No era posible ¿Cómo podía ser que su papá hubiera hecho de la muerte una forma de ganarse la vida?

Pero ahora que Manolo lo pensaba, Don Julio había sido un aficionado de los asesinatos desde que recordaba. Le encantaban las películas de acción y disparos, su favorita era Caracortada. Era también un aficionado de las corridas de toros a tal grado que eligió el nombre de su hijo inspirado en Manolete, el torero famoso de los años ’40. Su padre podía ver una hormiga, una araña, un mosquito, una tijerilla, una cochinilla e inmediatamente le daba muerte.

Esa idea simplemente no cabía en la mente del pequeño Manolo. Pero, ahora que cavilaba con tranquilidad, mientras con sus cubiertos meneaba las verduras en su plato con las que fue servido el chorizo, muchas cosas estaban relacionadas con matar. Los pedazos de brócoli sólo se pudieron conseguir asesinando a la planta, lo mismo que las zanahorias y el chayote; incluso la deliciosa agua de mango tuvo que tener como antecedente el hecho de cortar los frutos del árbol. Decían en la escuela que el combustible que hacía que el camión que lo llevaba a la escuela se moviera, estaba hecho a partir de una sustancia negra, que no eran otra cosa que cadáveres descompuestos desde hace incontables años; y que las hojas de sus exámenes y sus cuadernos eran troncos de árboles procesados, árboles que tuvieron que ser talados, asesinados. En la tele ocasionalmente pasaban algún programa de la vida animal, aunque éste siempre era una repetición incesante: Felinos de África. Los guepardos, leonas y pumas cazaban gacelas, ciervos, cebras, ñus, vacas mediante sigilo, velocidad, garras y colmillos. El asesinato era algo natural en todos los seres, pero no en él. Matar le daba asco, aunque fuera a una simple mosca ¿Y si era una mosca mamá y sus hijos la estaban esperando?

La noche siguiente comenzó a caer una lluvia que prometía pasar desapercibida, pero nunca se puede asegurar tal cosa cuando se trata de la naturaleza. Pronto vinieron los truenos en el cielo y la tierra vibraba conforme los rayos iban cayendo. La lluvia se volvió tan fuerte que la señal de televisión se cayó y las luces comenzaron a parpadear a ratos. Manolo odiaba estas tormentas porque se veía obligado a recluirse en su cuarto, a tratar de retomarle el encanto a juguetes que hacía algún tiempo aborrecía. Desde su ventana podía ver el jardín de su casa, ahí el agua subía su nivel segundo a segundo, cubriendo el pasto y el adoquín. Le daba coraje no poder salir a jugar ni al interior de su domicilio, ni siquiera unas vueltas en bicicleta ¡Bicicleta! Su juguete de dos ruedas estaba ahí, en medio del patio, mojándose en cada tubo de metal y cada tornillo. Si Don Julio descubría eso, le propinaría una tunda peor a la que ocasionó la mosca: todos saben que la lluvia mata poco a poco las bicicletas, su padre no estaba para comprar una nueva cada año.

Sin decir nada a sus padres, Manolo salió tal cual estaba vestido, todo sería rápido. Era cuestión de salir, levantar la bici del suelo, llevarla al pasillo más cercano y secarla un poco con una franela; si bien se mojaría la ropa un poco, no habría tanto problema. Así que decidido, salió al patio, llegó a la bicicleta, la iba a tomar del manubrio y en ese instante saltó hacia atrás de inmediato por el susto. Un enorme sapo ojón y pardo parecía estar ahí específicamente para impedir que Manolo cumpliera su misión. El tamaño del anfibio era espantoso, pero el brillo de su piel lo hacía más aterrador, parecía que el animal se reconocía a sí mismo como una de las fobias más grandes del niño y aprovechaba esa condición para permanecer en el sitio.

Manolo no podía permitir que su padre descubriera la bicicleta mojándose, tampoco que él hubiese salido a la lluvia sin cubrirse adecuadamente, peor sería si lo sorprendían siendo asustado por un sapo. El regaño sería monumental. Su hombría sería desacreditada por su propio padre: “¡Cómo le vas a tener miedo a un sapo! ¡¿Eres puto o qué?!”.

Manolo se acercó al manubrio más por temor a las represalias que por valor propio, inhalaba a ritmo acelerado la humedad del ambiente lluvioso, la mirada fija en el sapo que le devolvía sus ojos saltones. Su miedo era inmenso.
El tiempo pasaba, así que decidió replantear la estrategia. Apartaría de la zona a su húmedo contrincante con el pie, solo unos centímetros que le permitieran hacer un movimiento rápido para que finalmente pudiera levantar la bici del suelo.

Poco a poco su pie se iba acercando al anfibio y, cuando estuvo a punto de tocarlo, aquel animal dio un salto en dirección del niño. Manolo únicamente alcanzó a saltar al mismo tiempo que pegó un grito de terror que, por suerte, sus padres no escucharon. Al caer pudo sentir la forma en la que la goma de sus suelas estrujaban el cuerpo del sapo, al instante y alrededor de sus tenis observó que había pequeñas vísceras regadas, un líquido oscuro y pellejo verdoso, nada con vida. La viscosidad que podía sentir debajo de sus pies resultaba asquerosa.

Un rayo en el cielo hizo que volviera a sentir la lluvia en sus hombros. Tomó la bici, la llevó apresurado al pasillo, pero no pudo secarla ante su ansiedad. Entró rápido a su habitación, se quitó los tenis, los calcetines, calzó su par de sandalias, se cambió la camiseta y se puso un impermeable. Luego fue hasta la sala, donde sus padres conversaban, tomó el teléfono de Don Julio y salió de nueva cuenta al patio. Mientras tomaba fotos del cadáver destripado una sonrisa invadió el rostro de Manolo. Matar se sentía tan bien. Era un acto de defensa anticipada que disfrazaba el placer mundano de acabar con la vida de algo. Era sólo un niño pero bastante listo como para entender y gozar el acto de asesinar.


- ¡Mira, papá! ¡Maté un sapo muy grande sólo con mis pies!- Manolo mostraba las fotografías a Don Julio, quien orgulloso, tuvo una mejor impresión de su hijo a partir de ese momento.





Imagen tomada de / Image taken from www.nickgarbutt.com
Marbled Green Burrowing Frog (Scaphiophryne madagascariensis) singing at night. Mid-altitude rainforest, Andasibe-Matadia National Park, eastern Madagascar.

viernes, 13 de febrero de 2015

ESPANTASUEGRAS (1 AÑO YA)

No, esta vez no se trata de un relato llamado "Espantasuegras" es sólo que el nombre de ese objeto siempre me ha parecido peculiar (¿Quién no quiere espantar a una suegra?) y, desde que recuerdo, lo he visto como una constante en las fiestas de cumpleaños, sean o no infantiles.

Así que en esta ocasión lo evoco por la sencilla razón de que este blog cumple hoy un año de existencia. Ha sido un conjunto de 365 días en el que cada semana he procurado estar publicando un texto cada noche de jueves (ya sé, a veces me atraso unas horas y termino publicándolo en viernes) para llegar a un total de 54 relatos, unos mejores que otros.

En realidad el espacio nació sin pretensiones, sino sólo como un medio de expresión y de registro, a veces incluso sirvió como autoterapia psicológica. Sin embargo, con el transcurrir de las semanas surgió un interés cada vez mayor en alcanzar cierta calidad (si lo he logrado o no, eso es cosa aparte).

Así, este pequeño espacio cibernético ha trascendido la pantalla unas cuantas ocasiones llegando a plasmarse en algunas páginas del diario El Imparcial, hecho por el cual agradezco enormemente al buen carnal Matabachas Pérez y a Miriam Flores. Sin ellos la publicación de algunos textos habría sido irrealizable.

"Historias de Chiripa" también me animó a meterme a cierto taller exprés de relato impartido en medio de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca 2014 por Eusebio Ruvalcaba. Muchos no conocerán a este Señor (hecho por el cual merecen una tunda, su forma de narrar las cosas es estupenda y los temas que aborda me parecen bastante atractivos) pero fue uno de los que llamaron mi atención para que comenzara a leer lo más mínimo, al menos en las publicaciones que realiza en la tambaleante revista de rock "La Mosca".

En ese taller rápido pude conocer algunas personas que en corto tiempo se han vuelto buenos amigos y también buenos críticos. Más adelante retomaré el asunto de estos carnales.

A todos les agradezco comentarios y sugerencias, juro que las tomo en cuenta. Respecto a esto he de admitir que no sé lo que haré con este blog de ahora en adelante. La verdad es que yo siento y pienso que la calidad de varios de los textos es muy baja, cosa natural dado que a veces la presión del tiempo puede más que la inspiración. Siempre he creído que en asuntos que involucren creatividad no hay que forzar las cosas, cuando una idea sale sólo hay que darle dirección; pero cuando no hay ideas las cosas salen de mala gana y se nota. Quizá deje la publicación semanal para hacerla quincenal, quizá sea aún más esporádica, o quizá siga siendo igual; es una decisión que tendré que tomar en estos días y que les haré saber por respeto y cortesía, después de todo son ustedes, los que me han leído, los que han permitido que este espacio de bits siga existiendo.

Lo que sí sé es que he decidido abrir un nuevo blog, independiente a éste y no de relatos de ficción; se trata de escritos que más bien son columnas informales y no muy bien argumentadas sobre temas que se vayan presentando en la agenda noticiosa y social, a nivel local, nacional e internacional. El blog se llama "El Vertebral" y su slogan es "columnas de opinión que nadie pidió". Algunos amigos ya sabían de este nuevo espacio, se los había platicado en conversaciones de ésas "de chavos", "por el chat". No les dejo la liga porque aún no encontrarán nada publicado puesto que tampoco tiene periodicidad definida, como dije, será ocasional y cada que un hecho inspire un desorden mental para escribir a su respecto.

Otra de las cosas que quiero anunciar (y con esto retomo lo que dije que retomaría), es la creación de una página de Internet con estos carnales del taller. Le estamos echando ganas para sacar cosas que valgan el tiempo, el espacio electrónico y el dinero (jaja). Es un espacio colectivo del que les platicaré más adelante. Espero (esperamos) que nos apoyen con su ingreso y lecturas. Ésas son nuestras más grandes satisfacciones.

Y pues bueno, creo que eso es todo lo que tenía que decir. Ha pasado un año y seguimos buscando más tiempo en permanencia en este viaje accidentado de la escritura. Sigan leyendo, compartiendo, comentando, sugiriendo y destrozando, no sólo éstas, Las Historias de Chiripa, sino todo lo que puedan, me cae que es un ejercicio bien nutritivo para las conciencias.

Muchas gracias.

(PD: Coman frutas y verduras...y tacos)


(Imagen tomada del sitio http://unajaponesaenjapon.com/35629/matasuegras-fukimodoshi-blowouts-party-horn)

jueves, 12 de febrero de 2015

SHUTUTRIL

Nunca había escuchado de Eisí-di-sí. Ya sé que merezco un madrazo por eso. Pero la única referencia que tenía de ellos era la camiseta de un cuate, una que parecía llevar a clase todas las semanas debajo de la del uniforme, como si fuera sólo una de las cinco que tenía en todo su guardarropa. Seguro olía a madres. El chiste es que supe de esta banda hasta que vi Aironman, me encantó el pinche sountrac.

No, no me encantó, me mamó. Desde entonces no dejo de escuchar esa tonadita de Baquinblac en mi cabeza, tampoco la de Shututril. Son dos rolas magníficas que mis oídos agradecen conocer ahora.

Bueno, pero lo que más me tiene con las notas de la guitarra en la mente no es la impresión que me causó la música mientras veía la película, con Tony Estark volando y disparando madre y media con su armadura…o bueno, sí pero no.

Lo que pasó es que cuando acabó la película en el cine salí como todo chamaco debe de salir después de haber visto una peli que le gusta: sintiéndose como el güey que protagoniza todo. Me sentía un millonetas-genio-galán-que todo lo podía. Hubo un momento en el que me quedé solo en el pasillo (¿O en el que me sentí solo? Da lo mismo) y me puse a estirar mi mano con las palmas de frente a los muros, simulando mis rayos, mi armadura dorada y roja. Podía sentir cómo de mi pecho salía el monorrayo azul disparando contra el sonso malencarado que me pidió los lentes tresdé al salir de la sala. “¡Culeros! ¿No los regalan? ¿Qué les cuesta? Los dueños del cine deben tener de a madre dinero para comprar lentes de plástico todo el tiempo”. Total que terminé dándoselos con enojo, furia que me provocaba el hecho de que ellos se pusieran tan mamones por algo que seguro nadie les reconocería en su pinche trabajo.

Ahí estaba yo, acabando con el traidor de Stein (el malo de le película pues), los terroristas de Afganistán y el tipo de los lentes tresdé, cuando me cayó el veinte de que a lo mejor estaba haciendo el oso en público. Volteé la mirada y no vi a nadie, bueno, a casi nadie porque hasta el fondo del pasillo venía una pareja. Supuse que se habían quedado hasta el último en la sala para darse unos besotes. Luego me di cuenta de que supuse mal porque la parejita no venía normal, o sea, no venía como lo hacen todos, abrazados y besándose o jugueteando y agarrando nalga. No. Éstos venían empujándose a la brava. No es que se empujaran igual, el tipo la botaba para delante con su brazo, ella trataba de recomponerse y sonarle unos chingadazos de regreso pero él la paraba en seco con su fuerza y la sangoloteaba tomándola de los hombros para después volver a arrojarla más adelante. Ahí me di cuenta que no estaban jugando, que su discusión era en serio y que ese culero se estaba pasando de mierda. Me quedé viéndolos.

- ¿Tú qué, pinche chamaco cara de mi pito?- me dijo el mierda ése retándome, con una cara tan fea como la de Esmigol.

Y ella tan bonita y tan güerita. Chapeadita de tanta vergüenza y emputamiento al mismo tiempo, seguramente.

Mierda- pensé- tan culero que está el cabrón ése, tan guapita ella y soportando sus chingaderas.

Parecía que los del cine sabían bien mi emoción después de la película, mi adrenalina que se mezclaba con el coraje que sentí al ver cómo maltrataban a esta versión terrenal de Peper Pots (la novia de Aironman pues). Digo que parecía que sabían porque en ese momento pusieron en “la radio en el cine” las rolas de Eisí-di-sí, lo que hizo que me prendiera. Me valió madre que el cabrón fuera de una edad mayor a mi, que estuviera dos-tres mamado. Yo era Tony Estark, yo era el más poderoso en el cine en ese momento.

No tenía armadura pero tenía los tenis que mi papá me había comprado la semana anterior, unos tenis bien chingones, negros con rayitas doradas, que me hacían sentir como si tuviera toda una armadura encima. No tenía reactor arc pero tenía mi enojo; a mí nadie me dice que tengo cara de pito, así que pude oír 

So dont yu ful araund

Aim gona pul it, pul it, pul de trigue

Shututril, pley du kil

al tiempo que caminé directo al morro ése, así, totalmente decidido mientras él se distraía nuevamente jaloneando a mi Peper. Mi rabia recorrió los huesos y músculos de mi pierna derecha y sin más le soné una fuerte patada en sus huevos, un patín con las que sentí que eran todas mis fuerzas.

El muy cabrón se cayó del dolor, ni porque se lo hubiera pedido se habría colocado tan bonito para recibir el madrazo en sus bolas. Juro que hasta pude sentir lo blandito de su escroto en mis agujetas.

-¡Chamaco nalgasmiadas, hijo-de-tu-puta-madre!- la pinche güera me veía con odio- ¡Mira cómo lo dejaste! ¡Lo mataste! ¡Policía, policía!- empezó a gritar toda histérica, lo bueno es que no había polis o alguien de seguridad cerca, me dio miedo haber matado al mamón ése, así que corrí con todo. Antes de salir del pasillo rumbo a la salida volteé y el tipo ya estaba moviendo sus piernas.

Supe que yo no era un asesino, sino un héroe, supe que la güera era un pendeja por defenderlo y estar soportando esas mamadas, y que también era una pendeja porque se había perdido la oportunidad de agradecer con un beso tronado a su Aironman que no estaba en la pantalla, sino frente a ella, más chamaco pero de carne y hueso. Quizá lo único que me faltó para ganármela fue ser un ingeniero del MIT…y bueno, unos millones de dólares en mi auto de lujo.



(Imagen tomada del sitio http://hacknmod.com/hack/diy-movie-props-iron-man-arc-reactor/)

viernes, 6 de febrero de 2015

TIEMPO

3:57 pm ¿Ya habrá llegado? Estoy a tiempo aún, sólo es una cuadra ¿Y si mi estúpido CASIO de pulso está atrasado? Esta pantalla rayada que casi no deja ver los números en tinta negra, aunado a la pila desgastada da lástima, quizá no sea un 7 lo que señala, sino un 9 ¡Dos valiosos minutos!

3:59 pm Listo. Quedamos aquí, en la jardinera de Santo Domingo. Aquí nadie se pierde. Todos estos mocosos se reúnen en esta jardinera de cantera verde. Aunque mi reloj marcara mal la hora sólo se trataba de 2 minutos. Pero no estaba equivocado, esos 120 segundos han pasado, el 3 sigue ahí junto a los dos puntos parpadeantes. Falta un puto minuto para las cuatro de la tarde y no la veo por ningún lado.

4:00 pm Es hora. Tendría que estar aquí. Aunque claro, todo mundo es impuntual en este maldito país.

4:01 pm Lleva 1 minuto de retraso. Comprensible ¿Hay bloqueo hoy? No, no escuché nada en la radio camino acá. Ese pretexto no será válido.

4:02 pm Ya son dos ¿Cuánto tiempo es necesario esperar antes de retirarse? ¿10? ¿15? He oído que unos esperan hasta media hora. Eso es ser muy pendejo, aún cuando avisen por teléfono su retraso. Es una mentada de madre.

4:03 pm ¿Entonces? ¿10? Dirán que es muy poco, que uno es un mierda intolerante, un culero exagerado. Que sean 15. Bien podría ser ésa una norma escrita, un artículo más en la Constitución; aunque a ésa todo el mundo se la pasa por el culo. No, mejor un artículo más en la Declaración de los Derechos Humanos: Toda persona, por el simple hecho de serlo, tiene derecho a llegar tarde y ser esperado con paciencia y sin reclamos durante 15 minutos posteriores a la hora fijada. A huevo, yo debería estar ahí sentado, con el logo del mundo azul aplastado en mis espaldas y un letrero en la tele que diga que soy la verga en la ONU. Bueno ¿Y sí además de eso se refrenda en algún otro tratado internacional? ¿Estarían de acuerdo los gringos o alagarían que la disposición atenta contra los designios comerciales, que afectaría en gran medida el funcionamiento del flujo de capital a nivel mundial? Seguro que salen con una mamada así, lo entiendo. No sólo los entiendo, los respaldo. Los respaldo y voto en contra de esa iniciativa o como sea que se llame, y como soy el mandamás en la ONU pues ni pedo, se aguantan su pinche impuntualidad ¡¿Quién chingados se siente la gente que llega tarde?! ¡Se la maman! Es una total falta de respeto no considerar el tiempo de los demás, así fuera un solo minuto. En 1 minuto he visto la escena más importante de una película o he leído la mejor página de un libro. En un minuto puedo decidir si venirme o sacarla. En un minuto se puede hacer un hijo, es más en un segundo o en una milésima. En ese pequeño instante tu vida puede cambiar de entre ser un bien visto licenciado o ser un padre joven que tiene que limpiar la caca del pañal de su hijo. Como le pasó a Rafael, como me pasó a mí. En una milésima pasa todo. Pero no, no le digas eso a alguien que llega tarde porque quedas como un hijo de puta exagerado-antisocial-indeseable…¿Y ésos qué? Fajando desde que venía a unos pasos de la jardinera. Está bien fajar, lo que no está bien es agarrar nalga siempre de la misma forma ¿No se da cuenta ese pendejo? ¿No se aburre su vieja? Puedo ver al estúpido llorando a solas en su cuarto: “Me dejó, me dejó ¿Por qué me dejó?” Llorándole a su almohada, secándose los mocos con cuadritos de Pétalo o Charmín. Todo por no saber fajarse a una morra. Para qué madres quiere los dedos ¡Para qué! Los putos del otro lado de la calle la están pasando mejor, que voltee este pendejo para que aprenda el arte de manosear. Que mire a los jotos, cómo se estimulan hasta con sus lenguas entrelazadas dentro de sus bocas, que vea cómo los maricones recorren la espalda uno del otro, tomando su nuca, recorriendo el satín de sus chalecos hasta llegar al coxis, detenerse ahí, juguetear con los dedos en donde inicia la ranura del culo y resbalar de último minuto la palma de su mano por la escasa curvatura de sus nalgas simulando pudor escénico. Si algo no tienen es eso, no los aqueja la vergüenza. Quizá por eso salen cada vez más del clóset. He visto a muchos a los que les vale pito estar casi cogiendo delante de la familia con un niño que tiene una paleta de hielo viendo fijamente la actividad homosexual justo frente a sí. Y si con los putos no le basta al estúpido éste, yo mismo le pongo el ejemplo. Un trasero se recorre con calma, con gozo, al menos cuando estás en vía pública. Hay que acariciarlo con todas la terminales nerviosas, las yemas de los dedos, las líneas de la palma de la mano, el músculo debajo del dedo pulgar, todo debe recorrer las nalgas con cadencia. Como si estuvieras acariciando el pelaje de tu amado perro después de ser atropellado, aún a sabiendas de que va a morir. Sabes que morirá y por eso lo acaricias suave. Sí, un ejemplo así le falta a ese inmundo adolescente, clases completas que duren horas sobre la práctica del faje en la calle. Yo mismo sería profesor, supervisor y hasta rector de la Universidad para Calientes. Teoría y práctica. 50% de créditos para cada cosa, 1 año de prácticas y otro de servicio social. Le enseñaría en este instante si tuviera aquí conmigo un cuerpo femenino. Lo haría…pero tenía que llegar tarde esta pendeja ¿Qué hora es?

4:06 pm ¡No mames! ¿Sólo 3 minutos han pasado mientras toda esa pendejada mental pasó por mi cabeza? ¿3 míseros minutos en los que vi más imágenes que las fotografías que hay en el Álvarez Bravo? 3 minutos de chaquetas mentales que poco han servido para controlar esta ansiedad de salir corriendo, botando a la mierda a esta vieja que espero para ir con otra, hablarle bonito y hacerla reír, hacerla reír y conseguir una cita, un café y luego a coger ¿Por qué nadie es honesto? ¿Por qué no, cuando vemos una morra buena en la calle, en vez de verle las nalgas nos paramos, caminamos hasta ellas, las confrontamos y les decimos un certero “Hola, estaba viéndote las nalgas. Estás buenísima, quiero coger contigo”? ¿Por qué también hay tanta mustia por ahí a la que le encanta el palo y se hacen las muy decentes? Que te digan que también se mueren por un palo encebado. Que les encanta estar coleccionando falos a través de sus labios y su concha ¿No que estamos en la revolución del pensamiento feminista en la que la mujer quiere decidir y ejercer su sexualidad sin tabús ni miramientos? Si las chamacas desde los 13 andan ya más sueltas que una vaca en celo, yo lo he visto, las he observado lanzar esas miradas cogelonas al miembro de algunos hombres. Yo veo y pienso, nada más. A mí no se me han ofrecido, pero en cuanto una lo haga no la dejo ir viva. Hace mucho que no me agarro a una quinceañera. Magda fue la última, y vaya que era quinceañera. Esa fiesta ha sido la mejor celebración de 15 en la que he estado. No sólo me bastó ser el que al momento de bailar el vals con la festejada le roza los glúteos con la mano frente a los invitados sin ser mal visto, no sólo me fue suficiente eso sino parchármela en el baño de mujeres cuando sus padres, padrinos y tíos estaban bien pedos. Recuerdo sus gemidos de niña, pasando del dolor al gozo. Recuerdo sus pequeños ojos cerrándose y pidiendo más mientras el ritmo de nuestras pelvis se hacía cada vez más veloz. Pero mi hijo tuvo que vomitarse y todos los demás hacer un escándalo monumental gritando mi nombre porque yo era el único que no ingirió alcohol. “¡Hugo! ¡Hugo! Ven a ayudar a Rafa” gritaba mi esposa con voz de grulla. Tuve que sacar mi reata del húmedo y cálido agujero en el que estaba y acomodar mi pantalón para salir corriendo a levantar a mi estúpido primogénito del suelo, batido entre líquidos amarillos y pedazos de jamón con el que rellenaron el lomo de cerdo servido en la cena. Detrás de mi, mi nieta, acomodándose el vestido color melón como si hubiera ido sólo a mear “¿Estás bien, papá?” preguntaba a Rafael, el padre briago que se perdía en alcohol orgulloso de su hija, de su nena, la puberta que resultó una potencial profesional a la hora de menear la vulva. Magda apadrinada en este negocio por su propio abuelo.

4:10 pm Ni madres, no pienso esperarla 15 minutos ¡A la chingada! No porque las mueva bien voy a estar aguantándole tod…Puta madre, me tapa los ojos.


- Abuelito ¿Llevas mucho tiempo esperando?

- No, como 5 minutos nada más, no te preocupes.

- Bueno… ¿A qué café dijiste que me ibas a llevar?

- ¡Cuál café! Nos vamos a un bar, por unas cervezas. Tengo 60 años pero no por eso soy un aburrido. No todos los días cumples 20, vamos a celebrar como cuando cumpliste 15 pero sin que tu papá vomite. Son poco más de las 4, tenemos mucho tiempo para hacer todo lo que queramos.




(Imagen tomada del sitio http://www.lailuminacion.com/temas/la_iluminacion.asp?titulo=LA%20RELATIVIDAD%20DEL%20TIEMPO)