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jueves, 6 de noviembre de 2014

TIEMPOS DE HOY

Chucho era un activista acérrimo. No había marcha a la que faltara, siempre y cuando la causa que se abanderara fuese justa a sus ojos. Su imagen cumplía perfectamente con el estereotipo de hippie: cabello largo hasta sus hombros, bigote y barba abundante, le encantaba usar pañuelos en la cabeza; era delgado y de piel clara, estatura promedio, tenía pegue entre las chavas.

Estaba estudiando el segundo semestre de la licenciatura en Ciencias de la Educación cuando decidió, después de mucho repensar, que la universidad era una mamada. El hecho de terminar una carrera, cualquiera que ésta fuera, no garantizaba la obtención de un buen empleo, tampoco daba seguridad sobre el conocimiento. Conocía a varias personas que a pesar de su título, según él, eran demasiado estúpidas.

Desertó y comenzó a interesarse en ayudar a su padre en el taller de carpintería. En su tiempo libre tomaba cuadernos viejos que conservaran todavía algunas hojas sin escribir ni rayar, se ponía a dibujar diseños de muebles muy ocurrentes; dejaba salir su imaginación, luego se preguntaba si serían funcionales. En fin, trabajaba duro aprendiendo siempre de su padre algunos detalles y pasos para conseguir el mejor de los acabados.

Sin embargo, a pesar de vivir una cotidianidad alegre y medianamente satisfactoria, apreciaba que los problemas en su país eran cada vez mayores y más frecuentes. Al menos eso parecía. Como él vivía en la capital, notaba una efervescencia social cada vez más intensa. Observaba aglomeraciones por lo menos una vez a la semana. Se acercaba, oía algunos discursos en los mítines, y si le parecía justo quedarse y apoyar, lo hacía.

Una tarde vio cómo una movilización inundaba las calles, la arteria principal de la ciudad era un río de gente, uno de bravo caudal. Al frente de todos, señoras y señores con ojos vidriosos, cargando entre las manos pliegos de cartulinas en colores varios con papeles pegados, pliegos que tenían impresas fotografías del rostro de varios niños. Se leía en mantas “Justicia para los padres. No queremos más guarderías de la corrupción”, “Guardería Alegría: Crimen de Estado”; los altavoces que acompañaban a estos seres humanos gritaban “¡Ya basta de tanto abuso! ¡Basta de tanta negligencia y crimen por parte del Estado” y el típico “¡El pueblo-unido-jamás-será vencido!”

La noticia era un escándalo a nivel nacional, la nota más grande del mes en la agenda informativa del país: 28 niños muertos por un incendio en una guardería en cierto estado del norte, suceso provocado, al parecer, por el gobernador de la entidad que temía encontraran archivos comprometedores en la oficina contigua.

Chucho se integró a la multitud. Los niños le parecían siempre lo más honesto y divertido de la humanidad ¡Cómo era posible que existiera gente con tan poca madre como para arriesgar conscientemente la vida de un infante! Cuando vio en la televisión la noticia se indignó tan fuerte que en ese mismo instante se puso a escribir una especie de discurso-ensayo en aquella libreta de sus diseños, ésa misma que estaba en el interior de la mochila que cubría su espalda cuando la marcha lo tomó por sorpresa, mientras regresaba de mostrar sus propuestas a un cliente interesado en los objetos de madera que Jesús vendía.

La protesta estaba ya en las últimas y Chucho, impulsado por la enorme rabia que se alimentaba colectivamente, entró en desesperación por leer lo que antes había asentado en las hojas de su libreta vieja.

Tres padres afectados por la tragedia hablaron, soltaron a sus interlocutores palabras sumamente emotivas, con sus gargantas y voces entrecortadas. Algunos lloraron, tanto quienes tenían la palabra frente al micrófono como los que estaban a nivel del suelo de la gran plancha de asfalto en esa plaza. Ofrecieron el micro por si alguien quería mostrar solidaridad con los aquejados.

Jesús subió casi de forma automática con su libreta en manos y su discurso listo para ser leído. Hubo miradas que lo veían con extrañeza por su atuendo, ojos que acallaban y reprimían sus prejuicios ante la oportunidad de ver y escuchar a un joven que parecía salido de la nada.

El muchacho comenzó a hablar. Su prosa era notable, no sólo emotiva sino que además estaba cargada de invitaciones a la acción colectiva, a la desobediencia civil, proponía una estrategia inteligente y pacífica. Las palabras invitaban a más causas a sumarse para detener los múltiples abusos de poder, las omisiones del Estado.

La televisora más grande del país, canales de otras naciones transmitían en vivo y en directo la acción. Chucho fue conocido internacionalmente por ese discurso, letras que trascendieron por su honestidad y valentía.

Tras el paso de unos días, mediante comunicados y acciones de diversa naturaleza, numerosas organizaciones manifestaron su solidaridad y adherencia a este movimiento nacional.

Gracias a esa transmisión televisiva el mundo pudo conocer lo mal que estaba el país. Al presidente en turno le llegaban comunicados de todas partes del globo, recomendaciones, noticias de desplome económico y político por la nueva fama de la nación. En la oficina presidencial estaban locos tratando de idear estrategias que ayudaran a levantar la imagen de todo un país. El mandatario estaba envuelto en rabia.

- ¡No sé lo que vamos a hacer pero mientras…maten a ese cabrón melenudo del discurso! Que parezca cosa fortuita. Para que la gente deje de andar con sus mamadas de sentirse héroe o mesías- ordenó.

- Pero Señor, eso calentará más los ánimos, todo mundo va a sospechar- contestó uno de sus asesores.

- ¡Chingada madre! Lo ordena el presidente ¿Alguien se va a oponer?

- No señor.

- Ustedes arréglenselas para la forma. De una vez escriben las declaraciones que daremos como gobierno federal, seguro todos los reporteros de caca vendrán acusando o preguntando.

Paramilitares fueron desplegados en la colonia de Chucho. Asesinaron a José a una calle de su domicilio, dejaron una nota: “Vamos por toda la familia”.

Intentaron huir rápido pero al día siguiente Jesús no encontró a María, su madre. Una llamada le fue hecha a su celular, le pidieron dinero por el rescate, una cantidad que Chucho podía entregar. A cambio le fue entregado un disco, contenía imágenes en video. María había sido torturada, le cortaron dedo por dedo de las manos y de los pies; luego la lengua con unas tijeras grandes de metal; finalmente la ahorcaron, murió mientras una lágrima, no se sabe si de tristeza o de rabia, deslizaba por su mejilla atraída por la gravedad. “Sigues tú” decían las letras que daban por terminado aquel video.

¡Cómo fue capaz Chucho de ver todo! Después de mirar el primer dedo cortado, su cuerpo entró en una especie de maligno encanto. Mantuvo abiertos los ojos frente a la pantalla más por una especie de inercia y trauma que por convicción.

Jesús despertó, la banqueta estaba caliente, asaba su piel. No sabía si lo que acababa de recordar era un sueño o una lejana realidad, sucesos que se desdibujaron gracias al cruce de cocaína y alcohol que consumía a diario para tratar de olvidar la decadente situación de su patria, para ya no hacer caso de los miles de pares de piernas que orquestadas recorrían avenidas, arterias urbanas con cotidianas marchas y rabias.



(Imagen tomada del sitio http://lolgod.blogspot.mx/2010/09/hippie-jesus.html)

jueves, 9 de octubre de 2014

EL VERDADERO NUNCA JAMÁS

Un país tan contradictorio y caótico que nadie en ese mundo podía creerlo. Los relatos de Sir James Matthew Barrie eran demasiado dulces y benevolentes para la realidad que se observaba a cada momento en este territorio; tanto así que parecían una antítesis del mismo.

Se trataba de un reino de la anarquía, en un sentido casi puro. Los niños sí crecían, y conforme esto iba sucediendo, sus vidas se tornaban más tristes y su imaginación se pudría casi cada día. En algunos casos se convertía en un ciclo de lo más infeliz.

Garfio no era más que un diputado al que nadie tomaba en cuenta. Sus compañeros se la pasaban durmiendo en el trabajo. Se sentía decepcionado de su labor inútil para los demás, pero siempre que veía el oro que le era otorgado como pago por su trabajo sonreía y continuaba de perezoso en su curul sin titubeos. Los demás piratas que lo acompañaban en esa Cámara se habían acostumbrado tanto a repartirse sus puestos y a heredarlos que no sentían el menor remordimiento.

Campanita era una mujer alta y obesa. Tenía a cincuenta y tres sirenas menores de diecisiete años que prostituía. No le importaba en lo más mínimo el bienestar de las jovencitas, ella sólo le pedía quinientos pesos a cada una a las ocho de la mañana. Con el dinero que recolectaba desde hacía ya treinta años, se abrió paso entre un sindicato hasta lograr la dirigencia del mismo. Era la organización laboral más grande de su planeta, parecía no querer soltar nunca esa posición hegemónica.

El personaje del que más se hablaba en Nunca Jamás era más bien un antihéroe. Peter Pan, el narcotraficante más buscado del continente, era considerado un filántropo por la tribu en la que había nacido. Decían que él les ayudaba más que las decenas de piratas que se sentaban en grandes palacios a hacer nada.

Peter solía ser el magnate en la venta de la hierba y polvo de hadas, sustancias difícil de encontrar que producían efectos alucinógenos en el consumidor, a muchos los hacía sentir que volaban. Pero una industria tan redituable presentaría una competencia dura tarde o temprano, y así ocurrió.

En múltiples ocasiones Pan sufrió atentados, varias veces recibió impactos de flechas en la espalda y pecho. Cicatrices en su rostro le recordaban las batallas que libraba y también la suerte que poseía al seguir vivo.

Cuando sintió que una amenaza era tan seria que creyóse acabado, no le quedó otra alternativa sino la de negociar su seguridad con los piratas y con el presidente Cocodrilo. La vía para lograrlo sería el interior de una prisión de alta seguridad en la que todos los encarcelados eran prácticamente su familia. A cambio tendría que repartir plazas de su mercado a estos gobernantes.

La primer ministro del país vecino, Wendy, demandaba su extradición por el delito de corrupción de menores, pero Nunca Jamás debía su nombre al hecho de que al interior de esa nación todos los gobernantes se hacían de la vista gorda, para ellos parecía haber una realidad estática, nunca cambiante en lo más mínimo. Wendy fue considerada una paranoica, ignorada por decreto del Cocodrilo.

Lo que más llamaba la atención en esta patria sombría era la pasividad de la gente, de sus habitantes. Parecían conformarse con sus chozas de cartón, muchos justificaban su condición con un “Así nos tocó vivir, ni modo”. Los piratas habían acordado repartir a cada familia dispositivos electrónicos comprados en el extranjero, que servían básicamente para el entretenimiento.

Algunos que no reunieron los requisitos para hacerse de esos aparatos se indignaban al observar las condiciones de su ambiente. En todas partes había depósitos de agua color negro o gris oscuro, salvo la laguna en la que vivía el Cocodrilo presidente que, según se supo por una fotografía, era la única en Nunca Jamás que conservaba un azul cristalino.

La atmósfera amarillenta causada en gran medida por el motor de los barcos pirata era motivo de actos ambientalistas que terminaban ahogándose como lirios en el petróleo derramado en los ríos.

Algunos jóvenes se comunicaban por textos escritos con las uñas en hojas de diferentes árboles, a modo de panfletos prohibidos por el oficialismo. Muchos salían a la calle a marchar sin más cubierta o defensa que sus taparrabos y su voluntad de cambio. La mayoría de las veces las movilizaciones terminaban en un ambiente de olor a sangre en el aire, flechas y espadas en manos de salvajes sirenas y bárbaros pagados por los piratas se encargaban de teñir de color rojo el suelo.

Progresivamente los actos incrementaban el sadismo, aparecía gente mutilada, otros con cuatrocientas flechas en el cuerpo, hubo incluso casos en los que sus rostros y genitales les eran arrancados arbitrariamente. Todo el país estaba plagado de cruces de madera, no había día en el que no apareciera una nueva. Era una forma de representación minimalista de un hombre caído, tachado.

Pronto la población que solía levantarse o alzar la voz ante los abusos de autoridad pirata, notaba que sus gritos nunca encontraban eco en la gran mayoría de compatriotas. Se trataba indudablemente de una maldición, creían; parecía ser que el nombre de Nunca Jamás fue cuidadosamente planeado para perpetuar a un país por siempre en las misma condiciones, pues nunca había esperanza de un cambio positivo, era mejor resignarse mientras Peter, Garfio y Campanita se reunían a escondidas en un palacio a ver las noticias al mismo tiempo que inhalaban polvo de hada.



(Imagen tomada del sitio http://www.animalpolitico.com/2012/01/el-crimen-organizado-mato-a-132-mujeres-en-juarez-en-2011/)

jueves, 10 de abril de 2014

PARCHE (Parte 3/final)

TURISTA COREANA ES ATACADA POR POLICÍA ROBOT EN GUERRERO

  • Se trata de una aislada falla técnica que estamos corrigiendo: SSF.
  • Embajada coreana condena el hecho, recomienda a sus conciudadanos no visitar México.



Taxco, Guerrero. 8 de Octubre del año 2087.-En pleno Centro Histórico de esta ciudad, un agente policíaco de Élite asesinó a golpes a la turista de origen sudcoreano Ha-Neul al confundirla con la terrorista norcoreana Nam Kyu.

La turista de origen sudcoreano Ha-Neul fue asesinada por un agente de élite. Foto: APh

Al parecer, la falla se debió a problemas técnicos, concretamente en los sistemas que cotejan el reconocimiento visual con la base de datos de personas buscadas por los cuerpos de seguridad de todo el país, según declaró Rafael Luna García, director de asuntos técnicos de la Secretaría de Seguridad Federal.

“No justificamos el comportamiento del agente UN-923 [clave de identificación del robot], pero advertimos que el parecido de la señorita Ha-Neul con la terrorista es enorme. Ahora mismo estoy girando órdenes para perfeccionar el sistema de reconocimiento facial de los agentes, que es crucial en el ejercicio de justicia” señaló Alfonso Quadri, titular de la SSF.

Asimismo exhortó a la embajada sudcoreana a revisar su postura, esto al conocerse que dicho órgano recomendó a sus conciudadanos no visitar nuestro país hasta que se pueda garantizar una fiabilidad completa en el sistema de seguridad nacional.

Algunas organizaciones y civiles en Guerrero han realizado manifestaciones públicas demandando el regreso de oficiales humanos. En algunos otros estados de la República como Oaxaca, Jalisco y Veracruz también se han realizado movilizaciones exigiendo el replanteamiento de las políticas nacionales en materia de seguridad.

Diputados de los diferentes partidos de oposición [que han pedido el anonimato] han denunciado el acoso de estos agentes en sus domicilios particulares y han declarado tener pruebas de agresiones a civiles , presuntamente arbitrarias, en diversas ciudades del país.

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Daniel había cambiado desde el asesinato de Guillermo y Gloria. No hizo nada para evitar que los robots los ejecutaran. De algún modo supo que ese tipo de persona no debía existir en un país como en el que vivía, perjudicaba a todos. Aunque en el momento estuvo convencido, ahora tenía un oscuro remordimiento.

Veía las noticias, era cierto: muchos robots habían golpeado a compañeros estudiantes y a civiles que habían participado en las manifestaciones sin que mucha gente pudiera enterarse. Además, el descontento era mucho mayor al que se describía en los periódicos. La vox pópuli sabía que en todos lados había descontento con estas máquinas que tenían unos meses de estar por todo el país.

-Yo no voy a las marchas por miedo a que me golpee un agente- respondía Daniel en un sondeo hecho por un noticiero de TV. Su declaración nunca salió al aire.

Era cierto, ésa era la razón por la que no asistía a las marchas. Además no podía exhibir cómo los dos robots que había reprogramado estaban dispuestos a defenderlo, aunque eso significara destruir a otros androides en público. La situación, sin embargo, era preocupante. Los robots policíacos habían pasado de ser un “sistema de seguridad eficiente” a ser el último eslabón en la cadena de control de Estado.

-¡Es el último recurso! ¡No podemos permitir que esto siga así! Ya golpearon a mi hermana, la mandaron al hospital. No voy a quedarme viendo ¿Y si mañana matan a mi madre? No podemos ser indiferentes, por eso puse mi casa para esto, se trata de convicción- decía de forma convencida Eduardo, el mejor promedio en la carrera.

Varios estudiantes de programación del Poli y de otras escuelas estaban en una reunión clandestina en esa casa. Eduardo planteaba crear una sociedad de estudiantes que reprogramara a cuanto robot electrónico fuera posible. El propósito era castigar a la clase política por los abusos históricos. Daniel estaba ahí, nunca lo había mencionado a nadie, pero él ya tenía experiencia, lo mejor era que había tenido éxito.

- Yo sé cómo- interrumpió Daniel en medio de un mar de cuchicheos indecisos. Un impulso lo había convencido de hablar, no había marcha atrás.

El grupo entero volteó a verlo. El mismo Eduardo estaba sorprendido.

- ¿Qué dices? ¿Sabes algo?

- No sólo lo sé, he reprogramado dos androides con éxito.

- No podemos creerte hasta que presentes pruebas.

-Es peligroso traer pruebas, no es un juego. Lo más que puedo hacer en este momento es mostrarles el procedimiento para que lo repliquen.

-Adelante, estoy dispuesto a comenzar en este instante ¿Los demás?- preguntó Eduardo al grupo.

El “sí” fue unánime. Daniel no sólo había llamado la atención de todos los presentes, en un segundo los inspiró para seguir el plan que Eduardo planteaba.

- Tendremos que desvelarnos para aprender paso por paso y resolver las dudas- sugirió Dani obteniendo el consentimiento inmediato de sus entusiasmados compañeros.

       Dos semanas después, varios androides en el país estaban reprogramados y extendiendo el parche por láser a los demás. Sin ningún tipo de control estatal. Algunos de ellos habían sido destruidos durante el intento de captura, ahí los estudiantes se dieron cuenta que los diferentes órdenes de gobierno no estaban interesados por la seguridad, pues ni siquiera habían advertido las bajas de agentes en su sistema.

    El próximo 1 de diciembre habría un acto presidencial importante. Se reafirmaría, como cada año desde 2020, el compromiso del Presidente de la República con el país entregando un informe de acciones anuales al Legislativo. Era un acto demagógico con cifras alteradas, un país era el descrito en ese informe y otro el que se presentaba ante los ojos de los ciudadanos. Este año el evento se realizaría en Guelatao.

      Todos los integrantes del gabinete estaban presentes. Los gobernadores de los 31 estados y el jefe de gobierno del DF también. Invitados especiales eran los 10 más grandes empresarios del país Cada personaje con sus respectivos escoltas humanos. Había un cerco de seguridad conformado por robots de élite, pero nadie sabía si éstos estaban reprogramados, nadie pudo llevar el control de la propagación del parche.

-…es por ello que hoy podemos decir que la desigualdad social es cosa del pasado. Con hospitales de vanguardia en todo el país, se ha garantizado un 98% de cobertura de salud en Méxi…- decía el presidente de la nación en su discurso.

-¡Eres un pinche nefasto! ¡Mentiroso! ¡Hijo de tu pu…!- un asistente se levantaba de su asiento para gritarle de frente al político.

No acababa de decir su sentencia cuando un escolta humano presidencial se abalanzó sobre él. Lo tiró al suelo golpeándolo de manera brutal, otros 8 escoltas hicieron lo mismo con el hombre. Podían hacerlo con plena confianza ya que la prensa asistente no lo publicaría. El presidente podía continuar con total confianza, la esfera política había aprendido a perfeccionar su descaro. Pero el discurso había sido interrumpido no sólo por aquél ciudadano.

Los agentes metálicos detectaron la violencia. Tres de ellos desplazaron sus pesados cuerpos hasta la zona donde se reprimía al hombre para apuntar y asesinar a los escoltas. La gente asistente al acto corría despavorida, los políticos se levantaban de sus asientos con expresiones de terror mientras sus ojos desesperados buscaban una ruta para huir. El resto de los androides con su sistema de reconocimiento de rostro, disparaban a los escoltas que pretendían repeler su acción. Algunos robots se movían velozmente para capturar a los burócratas y al personal de prensa. El presidente fue capturado.

De la montaña bajó un grupo de jóvenes con el rostro cubierto. El pueblo ya estaba preparado, pues varias camionetas se reunieron de pronto para que los capturados fueran subidos a ellas. En unos minutos se armó una caravana que portaba a estos personajes. El grupo de vehículos tenía de escolta a todo el cerco de robots mientras se dirigían a la laguna del lugar. Una vez ahí todos fueron fusilados.